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martes, 1 de mayo de 2018

Lagunas de Castrejón (San Lorenzo de El Escorial, Madrid).

Hoy repetimos una de las rutas más especiales y novedosas de nuestro catálogo local, aquella que nos permite realizar una visita guiada a las Lagunas de Castrejón, el mayor humedal del entorno escurialense.
La actividad incluye un desayuno al aire libre en el Quiosco "Fuente del Seminario", situado en un paraje excepcional, junto al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. 
Tras el desayuno, el geógrafo Carlos Agudo nos ofrece una exhaustiva interpretación del paisaje geológico escurialense, con la ayuda de sus magníficos paneles didácticos.
La primavera muestra toda su gama de colores vivos alrededor de la octava maravilla del mundo... 
Nos acompañan hoy Teresa, Leandro y Pepa, que acuden a la cita con ganas de disfrutar de un buen día primaveral recorriendo los bosques escurialenses. 
Aunque la tendencia es a que el tiempo mejore, las últimas borrascas han refrescado el ambiente y todavía se observan numerosas nubes en el cielo. 
Equipados con nuestros prismáticos, prestamos especial atención a las aves que vamos observando a lo largo del camino hacia las lagunas. 
Hemos sorprendido a un escondedizo Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos) realizando sus armoniosos cánticos entre diferentes setos a ambos lados del camino. También los Pinzones Vulgares (Fringilla coelebs) están muy ocupados con sus recitales amorosos. 
Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs).
El itinerario discurre en parte por la antigua calzada empedrada que comunicaba San Lorenzo de El Escorial con las canteras de la Alberquilla, en Zarzalejo, las que sirvieron para extraer las rocas con las que se construyó el monasterio.   
Las Lagunas de Castrejón se encuentran muy cerca de estas canteras, en la base de la Machota Baja. 
El humedal está compuesto de cinco lagunas endorreicas de carácter estacional, que durante esta época del año se encuentran prácticamente colmadas de agua. 
Dada la enorme importancia que representa para la fauna, este humedal goza de la protección legal necesaria, figurando en Catálogo de Humedales protegidos de la Comunidad de Madrid. 
La vegetación acuática está aprovechando la primavera para lucir sus flores fuera del agua, pero todavía nos permiten distinguir sobre las rocas al único galápago autóctono de Europa.
Galápago Europeo (Emys orbicularis).
Se trata del Galápago Europeo (Emys orbicularis), el reptil más amenazado de la Península Ibérica, cuya distribución geográfica sufre una fragmentación muy acusada que dificulta su reproducción y pone en peligro la supervivencia de la especie. 
Todavía anda por aquí la pareja de Tarros Canelos (Tadorna ferruginea); parece que han establecido aquí su residencia habitual.
Tarro Canelo (Tadorna ferruginea).
Cada vez que sale el sol es fácil sorprender a alguna lagartija, como este ejemplar macho de la Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus), especie endémica de la Península Ibérica, muy abundante en el Sistema Central.
Macho adulto de Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus).
La diversidad florística daría para elaborar un extenso catálogo, pero hoy nos detenemos con los "Nazarenos" (Muscari comosum), una liliácea típica de las dehesas del piedemonte guadarrámico. En algunas zonas se las conoce como "Ajetes", ya que poseen un bulbo comestible. 
Nazarenos (Muscari comosum).
Después de comer nos dimos una vuelta por los alrededores en busca de otras presencias y más curiosidades.  
Regresamos a San Lorenzo por el Camino de los Ermitaños, que nos brindó estampas tan características como ésta. 

Durante la visita a las lagunas recogimos algunas secuencias en un vídeo que resume a grosso modo lo visto en la jornada de hoy: Fochas, Gallinetas, Tarros Canelos, Verdecillos, Galápagos...

sábado, 16 de diciembre de 2017

Travesía del Macizo de Las Machotas (San Lorenzo de El Escorial, Madrid).

La Travesía al Macizo de Las Machotas es una de nuestras Rutas Locales diseñadas en el entorno de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). 
El principal interés de este macizo radica en sus formaciones geológicas, un conjunto de grandes rocas graníticas o "berrocales", que adoptan en algunos casos posiciones casi imposibles.
Este tipo de formaciones tan curiosas recibe el nombre de "Piedras Caballeras". 
El plutón granítico o batolito del cual proceden estos grandes bloques, se consolidó a partir del magma terrestre en contacto con la corteza, en tiempos del Paleozoico, hace más de 500 millones de años. Sometidos a procesos de meteorización y erosión durante miles de años, surgen estos grandes bloques de superficies redondeadas.
Nos acompañan hoy Soraya y Javier, procedentes de Madrid, quienes acuden a nuestra cita con ganas de disfrutar de una agradable jornada montañera de otoño, a pesar del frío intenso que nos azota desde el norte.
Con ellos visitamos algunos de los lugares más interesantes de este macizo, además de coronar las cumbres de las dos montañas que lo conforman
Es interesante notar la transición del gneis imperante en todo el macizo del Monte Abantos y los granitos que se van haciendo cada vez más evidentes a medida que nos acercamos a la Machota Baja. 
Es precisamente en la ladera sur de la Machota Baja donde se conservan las antiguas explotaciones de roca granítica que sirvieron para construir el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Estas canteras, conocidas como las "Canteras de la Alberquilla", se encuentran próximas a la localidad de Zarzalejo, desde donde parte una antigua calzada empedrada que mandó construir Felipe II para facilitar el transporte de las grandes rocas.
Durante el recorrido por las Machotas vimos un grupo de Verdecillos, varios Colirrojos y algún Acentor Alpino. Ya en las dehesas escurialenses, disfrutamos de los Carboneros, de los Mitos, Rabilargos...   

domingo, 12 de noviembre de 2017

La Garganta del Tobar (Sierra Oeste de Madrid).

Todo el mundo montañero de Madrid conoce bien la Sierra Norte (Somosierra, Ayllón, Sierra del Rincón) y, por supuesto, la Sierra de Guadarrama, pero la Sierra Oeste, que se corresponde con el sector del Sistema Central que une la Sierra de Guadarrama con Gredos, pasa completamente desapercibida. 
Pero eso es precisamente lo que más nos atrae de estas montañas, la sensación de vacío y aislamiento que ofrecen. 
La Garganta del Tobar es uno de esos parajes en los que el ser humano se siente solitario, aislado, en plena armonía con la Naturaleza. Grandes canchales cubren por completo ambas laderas, otorgando al valle un aspecto todavía más salvaje.
Nos acompaña Nacho, fiel seguidor de nuestras aventuras, que se ha inscrito a esta ruta para hacerle un hueco en su conciencia a esta maravillosa zona serrana de Madrid.
El arroyo del Tobar es tributario del río Aceña, principal afluente del Cofio. Discurre a lo largo de una garganta solitaria y agreste, a la que acuden sin dudarlo las Cigüeñas Negras en busca de paz y tranquilidad. 
Varios Cuervos, Buitres Leonados y un Milano Real vuelan sobre nosotros mientras descendemos por el angosto cañón, que prácticamente no cuenta con sendero alguno. Mirlos y Zorzales salen de las zarzas sorprendidos por nuestra repentina presencia, se nota que no están habituados a la presencia de humanos por aquí. 
Entre sauces, enebros, escaramujos, zarzas y espinos, un magnífico ejemplar de Acebo (Ilex aquifolium) resiste el embiste del Cambio Climático y sobrevive como un heredero de una estirpe que poco a poco se va agotando en el Sistema Central. 
En cuanto las aguas cristalinas del Tobar se funden con el Aceña, subimos por la ladera hacia la Cuerda de Majalasvacas, desde donde contemplamos una magnífica panorámica de la lejana Sierra de Gredos.  
Cruzamos el Pinarejo y subimos aguas arriba por el arroyo del Hornillo, para asomarnos por una de las cumbres del Puerto de Malagón.
Imposible no detenerse unos instantes para contemplar la extensa panorámica, desde donde se observa a una ciudad de Madrid sumida bajo un manto de contaminación.
Bajo una de las faldas del Monte Abantos, preside el gran mausoleo que levantó Felipe II en el siglo XVI: El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Descendemos por una ladera de fuerte pendiente hacia la Fresneda de Los Llanillos, lugar donde se conservan las antiguas terrazas del vivero forestal que sirvió para reforestar el Monte Abantos a finales del siglo XIX.
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martes, 11 de julio de 2017

Cañón del Río de La Aceña (Sierra Oeste de Madrid).

El Cañón del Río de La Aceña, un recorrido a lo largo del arroyo del Hornillo hasta el río de La Aceña y su posterior desembocadura en el río Cofio, es una de las mejores rutas de nuestro catálogo local. 
Acompañamos esta vez a Thais (El Espinar, Segovia) y a Cristina (Algete, Madrid), que vienen dispuestas a darlo todo por una gran aventura en la naturaleza más salvaje de nuestro entorno.
Cris, licenciada en Biología, ya ha venido a muchas de nuestras rutas. Recibe cada nuevo avistamiento con un gran entusiasmo, propio de una mente científica, hambrienta de conocimientos y de experiencia. 
El primer tramo de la ruta exige la ascensión a las peñas del Cerro de La Cabeza, para lo que hay que salvar un importante desnivel. 
Foto: Cristina Cerdeño.
Tras la trepada final llegamos a la cima, desde donde nos espera un merecido descanso mientras contemplamos el paisaje espectacular de las dehesas escurialenses. 
En cuanto alcanzamos el nacimiento del arroyo del Hornillo, comenzamos a disfrutar de las damiselas y libélulas. He aquí, por ejemplo, un ejemplar macho de la libélula Orthetrum coerulescens. En los días carulosos como hoy, las libélulas de este tipo adoptan una típica postura con las alas inclinadas hacia adelante para tratar de dar sombra al tórax. 
Orthetrum coerulescens.
También las damiselas o Caballitos del Diablo son muy abundantes. Mientras explicábamos la peculiar forma de reproducirse que tienen las libélulas, tuvimos la suerte de sorprender a dos caballitos en pleno acto sexual.
Caballitos del Diablo (Calopteryx virgo).
Otra libélula muy abundante es Onychogomphus uncatus, que tiene los ojos de un precioso color azul.
Onychogomphus uncatus. Foto: Cristina Cerdeño.
Realizamos una visita obligada a la pequeña turbera de Malagón, provista de Esfagnos y de plantas carnívoras (Drosera rotundifolia). Este tipo de formaciones son muy escasas en la Sierra de Guadarrama, y es todo un lujo contar con ellas cerca de San Lorenzo de El Escorial, una prueba más de la enorme riqueza biológica que reúne el entorno del Puerto de Malagón.
Drosera rotundifolia. Foto: Cristina Cerdeño.
Llegamos a las Chorreras del Hornillo, bastante escasas de agua por la falta de lluvias durante los últimos meses. 
Tras las chorreras enlazamos con las aguas del río de la Aceña, que viene algo más cargado gracias al embalse que tiene en su cabecera.
El cañón fluvial es bastante angosto y ello nos obliga a buscar nuestro itinerario con trepadas y destrepadas. 
Tras varios kilómetros de marcha y con este calor, nos permitimos la licencia de darnos un buen chapuzón en una de las pozas del río. 
Tras un prolongado descanso a orillas de las refrescantes aguas del Aceña, continuamos el itinerario esperando sorprender a alguna de las criaturas típicas de estos lares, como la Lavandera Cascadeña, el Mirlo Acuático o la mismísima Cigüeña Negra. De momento, tan solo el Milano Real (Milvus milvus) y la Rana Común (Pelophylax perezi) han hecho acto de presencia. 
Foto: Cristina Cerdeño.
Un par de kilómetros aguas abajo llegamos al final de nuestra ruta, pero antes hay que salvar pequeños obstáculos que nos obligan a trepar y a cruzar el río varias veces.
A partir de este punto, las aguas del Aceña se funden con las del Cofio, dando lugar a otro espectacular cañón que habrá que explorar en próximas aventuras.
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