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domingo, 13 de mayo de 2018

Ascensión al Yelmo (La Pedriza del Manzanares, Madrid).

Hoy recorreremos el corazón de La Pedriza del Manzanares, capricho geológico de la Sierra de Guadarrama, con la intención de alcanzar la cumbre del coloso Yelmo, emblemática montaña de la sierra madrileña. 
Nos acompañan Conchi (Mataelpino), David (Villaviciosa de Odón), Javier (Madrid), Carmen y Pedro (San Lorenzo de El Escorial).
Ninguno de ellos conoce los secretos de este impresionante macizo granítico, el mayor de Europa, cuyas formaciones geológicas ponen a prueba la resistencia y habilidad de quienes se atrevan a surcarlo.
Aunque hay trazadas varias rutas por su interior, es muy importante guiarse de las indicaciones para no desviarse en ningún momento, pues es muy fácil perderse por aquí y no encontrar salida.
El sol que nos acompaña anima a las Lagartijas Carpetanas (Iberolacerta cyreni) a exponerse en las rocas. 
Lagartija Carpetana (Iberolacerta cyreni), endemismo peninsula.
Nuestra ruta discurre por el interior de la Pedriza Anterior, siendo el Yelmo (1.719 m.) su punto culminante. Mientras subimos hacia las praderas del Yelmo observamos con detenimiento la vegetación del lugar: Encinas, algún Roble, Arce de Montpellier, Jaras, Brezos, Enebros...
Llama la atención la abundancia de Narcisos Pálidos (Narcissus triandrus sbsp. pallidulus), una de las muchas especies de la flora descritas por Graells en el siglo XIX. 
Narciso Pálido (Narcissus triandrus sbsp. pallidulus).
A medida que vamos ganando en altitud notamos el frío viento del norte, procedente de las cumbres todavía nevadas de la Sierra de Guadarrama. 
Tras casi tres horas de ascensión divisamos por fin la impresionante mole del Yelmo. 
Uno de los principales atractivos de esta ruta es la ascensión al Yelmo, que entraña cierta dificultad por tratarse de una montaña que exige escalar por todas sus vertientes para alcanzar su cumbre, salvo que pasemos por el Callejón del Miedo.
Se trata de la única vía posible de ascensión sin necesidad de utilizar equipamiento de escalada. 
Es un paso muy estrecho que complica bastante las maniobras de trepada. No obstante, con cuidado y realizando pequeños movimientos, es posible ascender por la estrecha fisura.
Al otro lado del Callejón del Miedo nos espera una vista espectacular del paisaje pedricero

Tras pasar por el callejón, enseguida alcanzamos el vértice geodésico del Yelmo.
Pedro, que no ha podido acompañarnos debido a su lesión en la rodilla, incompatible con el Callejón del Miedo, nos espera abajo mientras vela por nuestras mochilas. A él le dedicamos esta ascensión.
Tras permanecer unos minutos en la cumbre deleitándonos con las asombrosas panorámicas, regresamos al callejón.
Allí nos reunimos de nuevo con Pedro para compartir un excelente picnic montañero.
Abajo en la pradera, observamos la estrechez del Callejón del Miedo en la cara norte del Yelmo. 
Por esta zona es muy abundante la Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), un arbusto rastrero con importantes propiedades medicinales.
Gayuba o Uva de Oso (Arctostaphylos uva-ursi).
Descendemos por el Hueco de las Hoces, una angosta canal con algunos pasos difíciles que exige prestar mucha atención, pues cualquier despiste nos puede llevar a un callejón sin salida.
Para Pedro se le está haciendo especialmente difícil la canal, debido a su lesión de rodilla. No obstante, pone todo su empeño en salvar los obstáculos sin detener el ritmo normal de la marcha.
Por esta zona anidan varias parejas de Buitres Leonados, pero apenas vemos a las Cabras Montesas.
Tras tres horas de descenso, alcanzamos el río Manzanares, que viene cargado de agua procedente del deshielo.
Ya solo nos queda seguir las aguas del río Manzanares en un pase plácido y agradable, que nos conducirá al punto de partida de nuestra ruta en El Tranco.    

lunes, 15 de mayo de 2017

Cerro de Cueva Valiente (Tour Privado en la Sierra de Malagón, Segovia).

Nuestra cliente Marisa nos ha solicitado para hoy un tour privado en la Sierra de Guadarrama, para disfrutar de un bonito día de montaña en compañía de su hija Lucía. No hemos dudado en ofrecerle la ascensión al Cerro de Cueva Valiente, en la Sierra de Malagón, aledaña a la Sierra de Guadarrama.
Ambas nos han acompañado ya en otras rutas, y saben que con nosotros la aventura está prácticamente garantizada. 
Lucía es muy joven, pero ha hecho rutas de nivel avanzado, mostrando que tiene buenas cualidades para ser una gran montañera.
El cerro de Cueva Valiente sigue luciendo bonitas flores como el Narciso de Roca (Narcissus rupicola), un endemismo de la Península Ibérica.
Narciso de Roca (Narcissus rupicola).
La Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), planta medicinal especialmente abundante en el Cerro de Cueva Valiente, presenta ya numerosas flores.
Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi).
Tampoco faltan las Mosquitas Azules (Linaria elegans), otro endemismo ibérico, circunscrito al cuadrante noroccidental de la península, incluidos el Sistema Central y parte del Sistema Ibérico
Mosquitas Azules (Linaria elegans).
Antes de encaramarnos hacia la cumbre, visitamos la famosa cueva que le otorga nombre a la montaña.  
Exploramos el interior de la cueva, su fauna, su flora, sus minerales...  
Tras visitar la caverna, afrontamos la parte final de la ascensión hacia la cumbre.
Para ello hay que salvar un importante desnivel y superar algunas trepadas que exigen habilidad y control. 
Las vistas desde esta zona son espectaculares. En el entorno de la cueva observamos algunas aves, como los Aviones Roqueros (Ptyonoprogne rupestris), que muy probablemente anidan cerca. 

Rondando los 1.900 m. de altitud comienza a verse la Estátice Erizo (Armeria caespitosa), un endemismo exclusivo del Sistema Central.
Estátice Erizo (Armeria caespitosa).
La cumbre del cerro de Cueva Valiente está situada a 1.903 m. de altitud, y representa la máxima elevación de la Sierra de Malagón.
Para Lucía es la primera ascensión a una montaña, de modo que esperamos que guarde un buen recuerdo de esta aventura. 
Emitiendo sus característicos cantos primaverales, identificamos a la Bisbita Alpino (Anthus spinoletta) posada sobre las rocas, junto con algún Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros). 
Bisbita Alpino (Anthus spinoletta).
Tras la cumbre, nos disponemos a recorrer el itinerario de la Guerra Civil Española, una serie de trincheras, nidos de ametralladora, puestos vigía y restos de refugios esparcidos por toda la zona. 
Rastreando por el entorno hemos localizado tres balas, lo que da una idea de la cantidad de munición que se utilizó desde estos puestos.
Los nidos de ametralladora están estratégicamente ubicados para ofrecer las mejores panorámicas del entorno del Alto del León. 
  
He aquí una de las criaturas que Mariano de Paz Graells descubrió para la ciencia, Pycnogaster jugicola, un endemismo ibérico restringido al cuadrante noroccidental de la Península Ibérica.
Picnogaster jugicola
Seguimos visitando los restos de la Guerra Civil. Aquí uno de los numerosos puestos vigía que abundan por la zona.
Cerca del Collado del Hornillo nos llevamos una grata sorpresa: Fritilarias (Fritillaria lusitanica), una de las flores más bonitas de la flora ibérica. Es la primera ver que las localizamos en el entorno de Cueva Valiente, todo un hallazgo del que tomamos nota en nuestro Cuaderno de Campo, pues son muy pocas las citas de esta planta en la Sierra de Guadarrama.
Fritilaria (Fritillaria lusitanica).

jueves, 13 de abril de 2017

Ruta de los Pinares Llanos (Peguerinos, Ávila).

Estamos en plena Semana Santa disfrutando de un magnífico tiempo que, más bien, parece anunciar la llegada del próximo verano. Hoy, Jueves Santo, nos dirigimos a los Pinares Llanos de Peguerinos (Ávila) con Paula, Marisa, Juan y Lucía. 
Marisa ya nos conoce de otras rutas, y hoy viene acompañada de sus hijos Juan y Lucía. 
Juan no pierde detalle con los prismáticos, y Lucía parece disfrutar de las trepadas con las que nos abrimos paso hacia los Pinares Llanos.
Para Paula es también la primera vez que nos acompaña en una de nuestras aventuras. Aunque vive en Las Rozas, es natural de Huelva, una provincia que no tardaremos en explorar. 
Pronto comenzamos a observar algunos de los elementos botánicos más característicos de la Sierra de Guadarrama en ésta época del año, como los Narcisos Pálidos (Narcissus triandrus), planta bulbosa exclusiva de la Península Ibérica y del NO de Francia.
Junquillo Blanco o Narciso Pálido (Narcissus triandrus). 
Nos dirigimos en primer lugar al Mirador de la Naranjera, situado en la Cordal de Cuelgamuros. 
Se trata de un mirador natural que ofrece una excelente panorámica del Valle de Cuelgamuros, también conocido como el Valle de los Caídos.  
La Cruz de Los Caídos tiene una altura de 150 m. y está considerada como la cruz cristiana más alta del mundo, visible a más de 40 km. de distancia. 
Uno de los motivos por los que diseñamos esta ruta fue dar a conocer el Espacio Natural donde Mariano de Paz Graells, uno de los grandes naturalistas de la Historia de España, descubrió para la ciencia multitud de especies de nuestra fauna, principalmente insectos. Una de ellas fue precisamente esta pequeña Chicharra (Pycnogaster jugicola),  endemismo ibérico restringido al cuadrante noroccidental de la Península Ibérica.
Pycnogaster jugicola.
Nos adentramos de lleno en los Pinares Llanos, una de las masas forestales autóctonas de la Sierra de Guadarrama. Prueba de ello es la presencia abundante de esta planta, la Gayuba o Uva de Oso (Arctostaphylos uva-ursi), ericácea con propiedades medicinales, muy eficiente frente a cualquier tipo de afección urinaria. 
Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi).
En esta misma zona fue donde Graells se encontró, en el año 1848, con una hermosa criatura, una mariposa que parecía salida de un cuento de Hadas. La bautizó como la "Mariposa Isabelina", en honor a su gran amiga la reina Isabel II.  
Mariposa Isabelina (Graellsia isabelae), fotografiada en Pinares Llanos. ©Miguel Varona. 
Hoy no vamos a ver a ninguna Isabelina, porque es una mariposa nocturna. Pero no descartamos de posibilidad de encontrarnos con alguna de ellas muerta, algo que en esta época del año comienza a ser relativamente fácil. 
Los Arrendajos (Garrulus glandarius) hacen acto de presencia, anunciando nuestra llegada con sus estridentes gritos de alarma. 
Poco a poco y superando obstáculos, llegamos al fondo del valle, donde el arroyo del Hornillo se transforma en río.
Nos vemos obligados a cruzar el río para poder seguir nuestro itinerario.  
Un itinerario que se dirige ahora hacia uno de los puntos calientes de la ruta: La Placa de la Mariposa Isabelina, un monumento a la Graellsia, emblema de la Sierra de Guadarrama. 
Este monumento es uno de los pocos en el mundo dedicados a un insecto. Pretende conmemorar el hallazgo histórico de Graells, un descubrimiento que no pasó desapercibido para la comunidad científica de la época. 
Lámina original con la que Graells describió a su especie.
Pero... ¿quién era Graells? Desconocido para muchos, fue uno de los grandes naturalistas de España. Mientras dirigía el Real Museo de Ciencias Naturales de Madrid, estableció su residencia en San Lorenzo de El Escorial, lugar donde hizo la mayor parte de sus aportaciones científicas. 
Mariano de Paz Graells.
Continuamos el itinerario rumbo al arroyo de Navalacuerda, que vierte sus aguas al embalse de La Aceña (Peguerinos). 
Allí se encuentran, perdidas en medio del monte, las Canteras de Navalacuerda, de gran importancia histórica. 
Aquí yacen cientos de grandes bloques de granito tallados en el siglo XVI con la intención de construir una gran canalización de agua para abastecer al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Algunos llegaron a utilizarse, pero la mayoría de ellos quedaron aquí olvidados para siempre. 
Canteras de Navalacuerda.
Ya solo nos queda coger las aguas del arroyo y subir ladera arriba hasta llegar al lugar donde dejamos el coche. 
Tras 9 km. de ruta, llegamos al final. Hemos intentado conjugar naturaleza e historia en un paraje singular que, seguro, no olvidarán nuestros aventureros de hoy. Muchas gracias y hasta la próxima.