viernes, 1 de junio de 2018

Ocaso en Cueva Valiente (Sierra de Malagón).

Hacía tiempo que no visitábamos la Cueva Valiente, uno de los lugares más especiales y misteriosos de la Sierra de Guadarrama. Se trata de una caverna granítica enclavada en una bella montaña de la Sierra de Malagón, aledaña de la Sierra de Guadarrama: El Cerro de Cueva Valiente.
Nos acompañan Mayte y Juan José. Mayte, que ya ha compartido con nosotros varias experiencias en la Naturaleza, vive cada instante como un momento único en la vida, sin perder detalle de nada. 
El paraje es recóndito y aislado, y constituye un refugio para una rica y variada fauna, de entre la que destaca la presencia del Lobo Ibérico y del Buitre Negro.
Al fondo se contempla la inmensa cordal de la Mujer Muerta, una formación montañosa  de unos 11 km. de distancia, que ha sido objeto de no pocas leyendas montañeras.
Foto: Juan José Sierra.
Esta montaña guarda rincones muy valiosos desde el punto de vista de la biodiversidad. Prueba de ello es la presencia del Liquen de Islandia (Cetraria islandica), un liquen con propiedades medicinales, muy extendido en las regiones árticas y circumboreales. 
Liquen de Islandia (Cetraria islandica).
Otra sorpresa botánica es la presencia de la Acederilla (Oxalis acetosella),  una planta que escoge bosques frescos, húmedos y bien conservados para vivir.
Acederilla, (Oxalis acetosella).
Saludamos también a uno de los habitantes más especiales de esta montaña: La Araña Lobo (Lycosa tarantula), la auténtica Tarántula Europea, una joya de nuestra fauna. 
Araña Lobo (Lycosa tarantula).
Mientras se acerca la hora del ocaso nos aproximamos a la pared rocosa donde se esconde la Cueva Valiente. 
Una vez instalados en la caverna, nos disponemos a cenar mientras contemplamos el ocaso.
Foto: Juan José Sierra.
No hay dos crepúsculos iguales en la tierra... La tierra gira alrededor del sol cada día, y cada día el sol golpea a la tierra con un ángulo diferente.
Tampoco hay muchos lugares donde contemplarlo con todo su esplendor...  
El tiempo nos arrastra a su ritmo sin fin, pero gracias a la fotografía podemos "robarle" esos instantes que pasan sin detenerse...
Tras vivir el ocaso con toda su intensidad, nos pusimos las mochilas y subimos al cerro envueltos en una espesa y fresca niebla. 
Durante el regreso nos vimos rodeados por destellos de tormentas que no hicieron más que otorgarle a esta experiencia un punto más de intensidad. También nos topamos con algunos habitantes de la noche, como este Litobio (Lithobius forficatus), un miriápodo próximo a las Escolopendras, pero sin ser tan grande ni tan venenoso como éstas. 
Litobio (Lithobius forficatus).

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